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Existencialismo, vida, angustia y felicidad

A medida que vas reflexionando sobre la vida acabas enfrentando ciertos cuestionamientos que son complejos, como por ejemplo, el sentido de la vida.

¿Por qué existimos? ¿Por qué existe algo en vez de la nada?

Ciertas conclusiones filosóficas son aparentemente tristes como, por ejemplo, de que la vida no tiene sentido alguno. Así, existimos de la manera en que la materia se agrupa, se conjuga en movimientos y emociones que pueden ser unos u otros dependiendo de ciertos factores no necesariamente inteligentes y vamos deteriorándonos y caminando al fin de nuestra existencia y con nuestra materia ya preparándose para el inicio de otras y nuevas existencias.

Y eso es triste para algunos, pero no para Sartre. Él dirá que eres responsable por las decisiones de tu vida y que de cierta forma eres libre a cada momento para ir escogiendo tu camino. Eso entrega al hombre una ventaja por sobre la de otros seres que viven al igual que nosotros y que compartimos el espacio de este planeta. Ahora, claro, estas decisiones son complejas, muchas veces difíciles porque necesitas valores, referencias, influencias y esa decisión ya no es tan clara sino que se transforma de cierta manera en sentimiento de angustia. Y esa angustia se hace presente gran parte de nuestra vida más que cualquier otro sentimiento. Porque muchas de nuestras decisiones terminan en una única alternativa y que desecha muchos otros caminos que -sepamos o no- nunca viviremos por haber tomado otra decisión. Y ese arrepentimiento es precisamente el otro sentimiento que acompaña a la vida humana. Mientras más libertad de decisión -mientras más opciones- más alta es la angustia de haber escogido la alternativa correcta -o siquiera saber si existe una por sobre otra- y más vulnerable somos al arrepentimiento. Precisamente la filosofía existencialista lo que nos invita es a tomar riendas y asumir las responsabilidades de las reglas de la vida, de nuestras decisiones sabiendo que cada uno está en su situación en gran medida debido a las decisiones que ha hecho a lo largo de su trayectoria como humano.

Muchos momentos se viven esperando terminar. Hasta que comience otro y así continúa el ciclo. Según Spinoza, la alegría es pasar a un estado más potente del propio ser. La felicidad es un momento que te gustaría que no terminara. Un momento que desearías fuese eterno. Un momento que te gustaría que dure mucho más tiempo. No hay fórmulas, esa que se espera funcione para todos. Fórmulas de alegrías ó de felicidad, fórmulas que se venden, que siempre se han buscado y que inocentemente se han intentado seguir por inocencia, ignorancia, esperanza... La vida es una secuencia de encuentros inéditos que no se deja traducir en fórmulas de ningún tipo. Y la búsqueda de una fórmula para la vida es fuente de muchas y cíclicas decepciones. Y sabiendo que no existe fórmula, ante un mundo competente para encontrarle al hombre angustia y disminución de la potencia -la tristeza, existen grandes oportunidades de encontrar alegrías y momentos que no querrías que termina - la ansiada felicidad. Y son precisamente esos momentos los que hacen que la vida sea digna de ser recorrida y fantástica de ser vivida.